Aprender a vivir siendo un amargado

By Ángela Pinzón, enero 24, 2018

Tengo 25 años y soy una amargada de tiempo completo. Me gusta quejarme, a veces creo que mi espíritu es muy viejo y está mamado de todo lo que lo rodea. Me molesta muchas de las cosas que componen la vida contemporánea de las demás personas de mi edad. Encuentro ridículo sacarme 800 fotos para montar sólo una a Instagram y conseguir 200 likes. No le veo sentido a eso de vivir publicando vídeos de mi vida en las historias de Facebook, Instagram, Snapchat y Whatsapp (¿por qué hay tantas aplicaciones para publicar nuestra vida como si hiciéramos parte de un maldito reality show?). No soy buena tolerando a la gente, ni hablando con la gente, ni saliendo de la casa. A pesar de todo eso, hay días en los que quisiera simplemente ser distinta. 

Creo que está amplísima generación a la que quisieron llamar “millenials”, término que no podría molestarme más, puede dividirse a grandes rasgos en dos tipos de personas: los que disfrutan de forma inconmesurable eso de ser “nativos digitales”; y los que nos pasamos los días viendo memes depresivos en facebook y quejándonos de lo estúpida que es la gente. Si usted es de los segundos es de los míos.

Ser un amargado, como usted lo sabrá, no es cuestión sencilla. Por lo general somos personas solitarias, con un sentido del humor ácido y ofensivo, que no sabemos lidiar con otra gente. Somos en su mayoría solteros, aunque hay algunos afortunados, que tememos salir porque sentimos ansiedad social. Y, aunque odiamos ir afuera, a veces sólo quisiéramos poder ir un rato y congeniar, bailar, tomar algo, salir lindos en una maldita selfie y adquirir 200 likes.

Vivimos en una maldita lucha entre nuestro amor por el anonimato, nuestro odio por las poses felices en instagram y la sociedad que nos dice que así debemos ser. En el fondo lo añoramos a veces, pero nuestro espíritu amargado suele ganar. De vez en cuando subimos una selfie (horrible), en un sitio cero play, como un chuzo de perros calientes callejeros; conseguimos dos likes (uno de esos de una tía que está aprendiendo a usar redes) y nos sentimos desdichados, no sólo por sucumbir ante nuestros evidentes arrebatos de nativos digitales, sino porque nos reafirmamos que somos unos fracasados del nuevo milenio.

La verdad no hay fórmula para dejar el amargue. Así que abrácelo. Eso sí, dedíquese a conocer gente igual de amargada que usted. Si lo hace de forma juiciosa se dará cuenta que somos bastantes.

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