¿Por qué los gatos son la mascota del adulto posmoderno?

By Ángela Pinzón, febrero 5, 2018

En la última década los imaginarios alrededor de los gatos se han resignificado por completo.

En mi casa toda la vida han amado a todos los animales domésticos –para ser precisos, a los animales en general-, lo que significa que, desde pequeña, me inculcaron el gusto por los gatos. Desde que tengo memoria, en la casa de mi abuelita materna, ha habido gatos y perros, en ocasiones llegando a haber más de dos gatos y más de dos perros. Por eso, cuando empecé a razonar las opiniones de las demás personas, siempre me llevaba una gran sorpresa cuando oía a la gente decir que odiaba a los gatos. Creo que el disgusto hacia los gatos antes solía ser algo bastante común, la gente solía verlos como seres traicioneros e interesados. Sin embargo, con el cambio de siglo vino un cambio de actitud generalizada frente a los gatos, mientras que antes lo normal era que la gente no los quisiera cerca, ahora son mascotas bastante populares, por todos lados se ven vídeos, fotos e ilustraciones que dan cuenta del nuevo y creciente amor que tienen las generaciones jóvenes por estos misteriosos animales.

Creo que una de las razones que justifica este cambio de actitud es que los gatos recogen mucho de lo que desea ser una persona hoy en día. El ideal del individuo de esta generación es un alguien autosuficiente, que no necesita de los cuidados de los demás para sobrevivir, es un poco antisocial, se muestra distante con las personas –hasta con esas que le son queridas-, y disfruta mucho de su soledad y de su espacio. Ahora, las personas, por mucho que quieran introducirnos dentro de moldes generacionales –la palabra “millenials”, por ejemplo, que me ocasiona derrames cerebrales-, somos bien diferentes; pero creo que, de acuerdo a la época en la que nos encontramos inscritos, tenemos rasgos y modos de pensar similares. Pienso que los gatos logran, de alguna manera, reproducir estos ideales y que eso los hace demasiado amados y admirados.

Además de que el gato es la caricatura del “individuo posmoderno”, también resultan siendo las mascotas más fáciles de tener dadas las lógicas actuales de vida. Mientras que los perros requieren de muchos cuidados, mucha atención y mucha compañía; los gatos pueden quedarse solos durante días sin extrañar demasiado a su humano, lo único que necesitan es su arena y su comida, cualquier pariente o amigo puede hacer este tipo de favores sin que sea mucho problema. Lo mismo aplica para las largas jornadas laborales a las que ahora estamos expuestos y a la cada vez más cantidad de gente que vive sola, o de familias donde el hombre y la mujer están inmersos dentro del campo laboral. Mientras que antes era común que las mujeres fueran amas de casa, era mucho más sencillo tener perros, ya que se podían quedar en compañía de ellos. Además, para las personas que crecieron en la generación pasada, las familias eran más numerosas y las casas más grandes, por lo que había más espacio para tener el perro. Hoy ya no es así, ahora son muy pocas las personas que se pueden quedar todo el día o la mayor parte de él en la casa. Eso significa que tener un perro se convierte en un gasto que no cualquiera puede pagar, ya que muchos sienten que deben contratarles entrenadores o mantenerlos en guarderías diurnas para que no se queden solos. El gato, por su parte, puede quedarse todo el día sólo sin que eso signifique una tragedia.

Finalmente, muy ligado con la razón anterior, está la nueva forma en que se conciben las mascotas hoy en día. Mientras que antes los animales no eran tan importantes en la casa; hoy son verdaderos miembros de la familia. En otros tiempos dejar a un perro solo todo el día no hubiera significado un mayor problema moral; hoy con todo el vuelco que ha sufrido la sociedad hacia la empatía por los animales, resulta siendo un acto de crueldad. Por eso siempre es más sencillo, para el adulto contemporáneo, hacerse cargo de un gato que de un perro.

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